Hay mucho ya que leer, que compartir, que ver, que aprender, que replicar, que atender, que perder, que ganar, que comer, que visitar, que amar, que odiar, que vivir.
Y ¿cuando se muere la lista de infinitas posibilidades?
¿seguiremos con más y más submenús en nuestras vidas?
Capitán América... ¡sálvanos!
Vi la película de “en busca de la felicidad” y es que no pude convencer a mi acompañante de que “borat” tenía más sentido. De cualquier forma entramos a ver esta serie de tristes y amargas tragedias, acompañadas por buenos fonditos musicales y uno que otro detalle en dirección de arte. Pero en una parte de la película, increíble pero cierto, casi lloré. Cierto. Para los que la quieren ver pues dejen de leer. Para los que no la han visto y no la quieren ver les cuento todo, para quienes quieren verla mejor dejen de leer. Dejen de leer ahora. Bueno el caso es que el hijo del protagonista, quien hace un magnifico papel de lastre en toda la película, este chico pierde su muñeco en la calle al subir a un autobús. ¿saben quién era el muñeco? el único, el mismísimo, el mejor de todos, el Capital América. Y ahí casi lloré. Recordé que fanático era yo del personaje, de sus poderes, capacidad y fuerza, de su escudo que volaba y regresaba como boomerang, del atuendo con una estrella al centro y de las alas de oro en las cabeza. La verdad es que ahora me di cuenta que en algún momento de mi vida, también yo perdí al Capital América. Y con el todas mis fantasías, mis sueños, mi infancia, los poderes que solamente yo tenía y pasé al lado de los humanos. Talentosos obreros que aprendimos a crearnos una identidad de superhéroes. Villanos. ¿dónde está Capitán? De verdad si lo ven escriban un mail o dejen un su mensaje con mi secretaria.
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